La excepción confirma la regla
Mi prejuicio cotidiano me lleva a hacer algunas conjeturas: que los abogados son aves de rapiña que observan -por ejemplo- en la felicidad de un casamiento un par de futuros clientes decepcionados de las cuestiones del amor, que los escribanos dan fe y que esa fe está basada en la creencia practicante de la religión monetaria y el Dios verde. Que los tacheros son la consecuencia viva de la Alemania del ´30, o que la clase pudiente argentina encasilla bajo el lema “no corresponde” todas las negaciones que le exige el qué dirán.
Sin embargo, el precepto filosófico contemporáneo que dice que toda generalización es errónea ha llegado a sus límites: se me plantó de frente y subió la guardia proponiendo pelea, cansado de mis prototipos urbanos, comenzó a zarandear su cabeza haciendo pasos cortitos (hacia atrás y hacia adelante) en puntas de pie suponiendo un Ring con pulposas muchachas que elevaban el cartel para dar comienzo al Round Nº1.
El primer derechazo que me dislocó la mandíbula fue una lectora del blog que me agregó a sus contactos del Msn: Abogada pero sin soberbia, con casi 30 años y sin la crisis que le corresponde, mujer pero sin fotos en donde se muestre sola o con sus cosas (yo y mi perro, yo en Punta, yo sosteniendo una foto donde estoy yo pero más chiquita). Abogada pero con intereses sociales, abogada pero con capacidad de análisis… ¡abogada y ser humano!
Ya arrastrándome, con los guantes en la lona, me limpié el párpado sangrante para intentar ver entre los flashes fotográficos que anunciaban las portadas de mañana. Logré ponerme de pie, aunque algo mareado y, antes de subir la guardia, recibí el gancho de zurda que desestabilizó mi vida:
Un tachero, de provincia pero tan porteño como San Telmo, colérico porque un amigo se le volvió Nazi. La seguidilla de cotitos mandibulares fue de la siguiente manera: “el hijo de puta decía que los judíos son la lacra de la sociedad como si todos fuesen iguales”, “¿cómo va a decir que el holocausto no fue una masacre?”, “…encima la remató con que los desaparecidos no fueron 30mil; que desaparezca uno para mi ya es indignante”, me decía realmente furioso el conductor.
La campana sonó tras la cuenta regresiva, el resultado lo anunciaba mi cara desfigurada. Solo atiné a agarrar una notebook, mientras los periodistas entrevistaban al triunfante, y escribir estas líneas –como mi único golpe final- para publicarlas en la etiqueta prototipos; bajo el título “La excepción confirma la regla”.
El primer derechazo que me dislocó la mandíbula fue una lectora del blog que me agregó a sus contactos del Msn: Abogada pero sin soberbia, con casi 30 años y sin la crisis que le corresponde, mujer pero sin fotos en donde se muestre sola o con sus cosas (yo y mi perro, yo en Punta, yo sosteniendo una foto donde estoy yo pero más chiquita). Abogada pero con intereses sociales, abogada pero con capacidad de análisis… ¡abogada y ser humano!
Ya arrastrándome, con los guantes en la lona, me limpié el párpado sangrante para intentar ver entre los flashes fotográficos que anunciaban las portadas de mañana. Logré ponerme de pie, aunque algo mareado y, antes de subir la guardia, recibí el gancho de zurda que desestabilizó mi vida:
Un tachero, de provincia pero tan porteño como San Telmo, colérico porque un amigo se le volvió Nazi. La seguidilla de cotitos mandibulares fue de la siguiente manera: “el hijo de puta decía que los judíos son la lacra de la sociedad como si todos fuesen iguales”, “¿cómo va a decir que el holocausto no fue una masacre?”, “…encima la remató con que los desaparecidos no fueron 30mil; que desaparezca uno para mi ya es indignante”, me decía realmente furioso el conductor.
La campana sonó tras la cuenta regresiva, el resultado lo anunciaba mi cara desfigurada. Solo atiné a agarrar una notebook, mientras los periodistas entrevistaban al triunfante, y escribir estas líneas –como mi único golpe final- para publicarlas en la etiqueta prototipos; bajo el título “La excepción confirma la regla”.


6 comentarios:
Bueno, bueno, orgullosa de merecer unas líneas...
La vida nos sorprende a cada paso (es una de sus maravillas), y la verdad que anhelar andar por la vida sin prejuicios sería casi como volver a la pureza de la infancia (digamos igual de imposible)...creo que lo importante es tener la apertura suficiente como para reconocer cuándo nuestros preconceptos se ven "noqueados".
Pero es humano y todos cargamos con prejuicios... a confesión de partes, dejá que otro día te cuente si no qué piensa mi mamá de los que tienen nombres en inglés...y ahí te doy letra para otra nota...
Besos...
PD: Ni casi 30 ni 8 cuartos, che!Tengo tiernos 28...
No te dejes vencer, jon! Tus prototipos son más que graciosos e interesantes...
Lu: Una vez más, un texto surgido de la charla con uno de mis lectores (si me permiten esta apropiación cariñosa).-
Por la post-data observo que me equivoqué al decir que no sufrías la crisis que corresponde con tu edad. Jajaja!
Gracias por tu comentario.
Un beso grande!
jon!
Pd.: Seguimos charlando de la vida y el psicoanálisis.
Loco: seguiremos adelante con los prototipos, soportando los golpes que vengan.
Un abrazo!
jon!
jon
Muy bueno el texto
saludos.
Ale.
Gracias Ale por el comentario.
Saludos.
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